Cuando la ansiedad no se va: mirar más allá del síntoma

La ansiedad es una respuesta natural del organismo ante situaciones de peligro o incertidumbre. Sin embargo, cuando se mantiene en el tiempo y aparece incluso en momentos de calma, deja de ser una reacción puntual para convertirse en una señal de que algo más profundo está ocurriendo. Muchas personas intentan gestionarla con herramientas centradas en el presente, pero cuando la ansiedad no desaparece, conviene ampliar la mirada y preguntarse por su origen.

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En muchos casos, la ansiedad persistente está relacionada con experiencias pasadas que no han sido completamente procesadas. No siempre se trata de grandes traumas evidentes; a veces son vivencias más sutiles, como sentirse poco comprendido, haber vivido etapas de inseguridad o haber sostenido emociones intensas en soledad. Estas experiencias pueden quedar almacenadas en el sistema nervioso y activarse en el presente, generando una sensación de alerta constante sin una causa aparente.

Desde esta perspectiva, la ansiedad deja de ser el problema principal para convertirse en un síntoma. Intentar eliminarla sin atender a lo que la sostiene puede generar alivio temporal, pero no un cambio profundo. Es importante entender que el cuerpo no reacciona “porque sí”, sino porque hay información emocional pendiente de integrar. Escuchar esa señal permite abordar el malestar desde una raíz más significativa.

La terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) ofrece una vía eficaz para trabajar la ansiedad desde su origen. Este enfoque permite acceder a esas experiencias no resueltas y facilitar su procesamiento, ayudando al sistema nervioso a integrar lo vivido de forma adaptativa. A diferencia de otras intervenciones centradas únicamente en el síntoma, EMDR trabaja directamente sobre el foco que mantiene el malestar, lo que suele traducirse en cambios más estables y duraderos.

Cuando la ansiedad no se va, puede ser una invitación a mirar hacia dentro con mayor profundidad. No se trata solo de calmar el síntoma, sino de comprender qué lo está generando. Trabajar desde el origen permite que la ansiedad pierda su función y, progresivamente, deje de ser necesaria.

María Calvo Aguado

Psicóloga Sanitaria

Experta en trauma y apego